El papel del medio ambiente en la resistencia a los antibióticos

La resistencia a los antibióticos es, hoy en día, el mayor desafío al que se enfrenta la salud pública a nivel mundial. La OMS alerta de que podemos estar entrando en una era en la que los antibióticos ya no sean útiles en el tratamiento de infecciones simples, infecciones que hasta ahora estaban controladas.

En España, la resistencia a los antibióticos provoca más muertes que los accidentes de tráfico: 8 personas al día, casi 3.000 al año. En Europa, la cifra asciende a 33.000 personas cada año.

El uso inapropiado e indiscriminado de los antibióticos en personas y animales, ha sido y es el principal factor causante de la aparición de estas resistencias. Sin embargo, el medio ambiente debe considerarse también como parte de la ecuación, ya que es responsable, no solo de la aparición sino también de la diseminación de estas resistencias.

El mal uso de los antibióticos es responsable de la aparición de resistencias

Viajeros, mercancías, corrientes de agua… o cómo viajan genes y bacterias

Cuando hablamos de resistencias a los antibióticos, solemos pensar en cómo evitar su aparición, haciendo un menor uso de los mismos o tomándolos con la pauta correcta, no solo nosotros los humanos si no también los animales. Sin embargo, tenemos que saber que, igual de importante es la aparición de resistencias como la diseminación de las mismas y aquí, el medio ambiente juega un papel esencial.

Las bacterias resistentes y los genes de resistencia se encuentran presentes en todos los ecosistemas y, algunos de ellos, pueden integrarse en elementos móviles y viajar y difundirse entre la población. Por este motivo, por ejemplo, un plásmido de resistencia a la quinolona (un tipo de antibiótico) que apareció en Suiza por primera vez, se encontró poco después en el río Sena.

Además, a día de hoy, sabemos que los genes de resistencia a los antibióticos provienen también de bacterias medio ambientales, por tanto, en el concepto “One Health” (una sola salud) debemos de añadir el medio ambiente como tercer elemento.

Las aguas residuales

En nuestros residuos están presentes genes de resistencia a los antibióticos, los cuales se diseminan a través de las aguas residuales.

No es de extrañar que, países en los el uso de antibióticos es mejor pero en los cuales el tratamiento de las aguas es escaso o inexistente (como África o Sudeste asiático), existe una mayor resistencia a los antibióticos en aguas residuales. Por tanto, el uso de antibióticos no justifica por sí solo la prevalencia de los genes de resistencia.

Aunque es evidente que hay que reducir (o utilizar bien) estos medicamentos para evitar la aparición de resistencias, resulta imprescindible realizar un correcto tratamiento de las aguas para evitar su diseminación.

¿Por qué se producen las resistencias?

Las bacterias cuentan con gran capacidad para adaptarse y sobrevivir en el medio en el que se encuentran, generando mediante diferentes mecanismos resistencias a los compuestos terapéuticos, capacidad que comparten con hongos, virus y parásitos.

Al administrar un antibiótico eficaz, la gran mayoría de las bacterias mueren. Sin embargo, una pequeña parte de la población puede sobrevivir (teoría de la selección natural de Darwin). Las bacterias que sobreviven, que son resistentes a este antibiótico, se multiplican y reproducen consiguiendo aumentar la población de bacterias resistentes. Estas bacterias, además, a través de diferentes mecanismos compartirán sus genes de resistencia con otros microorganismos, agravando el problema.

En este contexto, si administramos este antibiótico de forma indiscriminada o inapropiada, estaremos favoreciendo la aparición de más bacterias resistentes y, al cabo del tiempo, el fármaco será ineficaz.

El papel de la sanidad animal

Sabiendo que los antibióticos constituyen un factor de selección de bacterias resistentes, resulta imprescindible reducir su uso. Por ello, los veterinarios juegan un papel clave, ya que tienen en su mano la capacidad de hacer un uso responsable de los antibióticos, tanto en clínicas veterinarias como en producción animal.

Además, está en manos del veterinario la posibilidad de llevar a cabo otras medidas que ayuden en la lucha contra las resistencias, entre las que destacan las siguientes:

  • Hacer un buen diagnostico antes de medicar al animal
  • Utilizar el antibiótico correcto con la pauta adecuada en cada caso
  • Usar antibióticos “tan poco como sea posible pero tanto como sea necesario
  • Adoptar medidas de higiene y bioseguridad
  • Prevenir mediante el uso de vacunas

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