Responsabilidad Social Corporativa, ¿elección o imposición?

En el contexto actual de mercado, la carrera por la mayor generación de ganancias hace que muchas entidades pongan el foco en la rentabilidad a corto plazo, de manera que a cierre de año la cuenta de resultados salga positiva. Una ecuación en la que no tiene cabida la RSC, cuya repercusión directa sobre los flujos de entrada supone una carrera de fondo, únicamente perceptible a largo plazo.

Hoy, día 26 de marzo, se conmemora el Día Mundial del Clima, declarado así por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para concienciar acerca de la importancia del clima y su impacto sobre la salud, la seguridad y el bienestar. 

Una efeméride que promueve un mensaje de sostenibilidad medioambiental alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible fijados por esta misma institución, más concretamente con el objetivo número 13, a tenor del cual se establece como necesario: “Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos”. 

En términos generales, hoy en día son pocas las empresas que dentro de su discurso corporativo no contemplan políticas de responsabilidad social corporativa (RSC), entre ellas principios vinculados al ámbito de la sostenibilidad. Bien sea por una manifestación de intenciones expresa o por vinculación a iniciativas sectoriales, la conexión se hace evidente de puertas para fuera. Sin embargo, no han sido pocas las veces en que una compañía ha protagonizado titulares bajo acusaciones por prácticas totalmente opuestas a los principios de sostenibilidad suscritos.

En este punto entra en la discusión la presión social por la adopción de prácticas sostenibles. Tendencias sociales como el veganismo, el respecto ambiental, el cruelty free, todos ellos movimientos que propugnan una relación más cordial para con nuestro entorno y que son respaldadas por una gran parte de la población mundial. Son precisamente estas convicciones las que llevan a la sociedad, quien en última instancia es quien compra y consume, a demandar prácticas sostenibles o establecer este parámetro como filtro de corte en su decisión de compra.

Si bien no se puede poner en duda que, como individuos, aquellos al frente de las grandes compañías tengan igualmente un pensamiento alineado con los mencionados valores de sostenibilidad, cuando entra el juego el peso de una corporación, un ente que va más allá del individuo, la balanza se altera.  

Sea como fuere, bien por elección o fruto de la presión social, lo que realmente importa es el progreso hacia prácticas más sostenibles para con el medio ambiente. Una preocupación que nos atañe y afecta a todos de manera directa y sobre la que debemos mostrar conciencia.


Hacer, mejor que decir

De nada sirve que el discurso corporativo de una compañía sea equiparable a una extensión enciclopédica si a la hora de la verdad, la práctica está muy lejos de aquello a lo que se dice estar suscrito. El gran público, ferviente consumidor de estímulos en imágenes, recibirá mejor el mensaje de apuesta por la sostenibilidad cuando esas palabras se vean reflejadas en acciones reales. Y no solo eso, sino que llegará a aplaudir tales acciones, posicionando en su mente a la entidad en consecuencia.

Sin embargo, cuando hablamos de RSC el fin no debe ser hacer para mostrar, sino hacer para posicionar, para abarcar terrenos de valores que queremos sean vinculados a una empresa. RSC implica trabajar aspectos tanto hacia dentro como hacia afuera, pero en ningún caso debe ser entendida como una opción, sino como un área que necesariamente se debe trabajar y que, a largo plazo, acabará por repercutir de manera positiva siempre y cuando se haya planificado y ejecutado con convicción.

Y aquí es donde entra la comunicación como aspecto fundamental a la hora de transmitir todas aquellas acciones de RSC que aportan valor a una empresa y que, a fin de evitar un discurso comercial, puedan ser difundidas de una manera clara y precisa. Por lo tanto, la RSC debe existir respaldada por un fundamento teórico y debe ser comunicada, cuando proceda, de una manera estratégica bajo un hilo discursivo coherente y consistente en el tiempo.

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