Proteína de origen animal y alternativa, ¿competidores o cohabitantes?

La demanda de proteína a nivel mundial aumenta. Lo dicen todos los estudios de tendencias y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) lo pone en cifras: “La demanda de proteína animal se duplicará en 2050, cuando habrá que alimentar a 9.000 millones de seres humanos”.

En este escenario de incremento de la demanda, a la producción ganadera, tradicional proveedor de proteína animal en los hogares de los consumidores, le ha surgido en los últimos años un competidor que, por desconocido y con “prometedor futuro”, según que opiniones, genera cierta desconfianza a nuestro sector primario, ya que, a priori, podría verse como un competidor a batir.

Se trata de la llamada proteína alternativa, ya sea de origen vegetal, fermentaciones, mycoproteinas, algas, insectos, proteínas de origen celular…y las que están por llegar fruto de la I+D+i de un sector foodtech muy potente a nivel mundial.

Lo cierto es que se va engrosando cada año el número de compañías en Estados Unidos y Europa que apuestan por estas proteínas. Ya hace dos años que los portafolios de algunas entidades tan importantes como Burger King, con su Imposible Whopper,  incluían este tipo de alternativas; le siguió Mc Donald ’s, que lanzó este año su línea Mc Plant, cuyo proveedor es  Beyond Meat, que bajo el lema de “Made from Plants”, lanzaba ya en 2019 una exitosa oferta de venta pública.  

En España grandes empresas cárnicas como el grupo Vall Companys, se suben al carro de la proteína vegetal. Santiago Aliaga, CEO de Zircular Foods, compañía impulsada por los propietarios del mencionado grupo de alimentación, considera que en 10 años, las alternativas vegetales aportarán entre el 5 y el 10% del consumo cárnico. Expectativas muy alejadas de las de aquellos que cifran esa aportación hasta en un 60% en los próximos 20 años.


Un mercado que en España apenas alcanza los 90 millones de euros

La arraigada cultura gastronómica en nuestro país, “un legado histórico que hay que preservar”, unida a la eficiencia productiva y calidad de nuestro sector porcino serán posiblemente un freno a la conquista de nuestro mercado por estas producciones alternativas, en opinión de Aliaga.  Un mercado este último que apenas alcanza en nuestro país los 90 millones de euros, con crecimientos anuales del 5%, frente a los 28.000 millones que representa la industria cárnica hoy en día. A esto se suma el hecho de que el porcino español es un sector netamente exportador (40-50% de la producción actual), por lo que su desarrollo estará muy ligado a sus ventas en el exterior, especialmente en los mercados asiáticos, incluso en un escenario de recuperación de la producción en China, por una cuestión de calidad, eficiencia y competitividad en costes.

Precisamente, una de las conclusiones del reciente encuentro sobre proteínas complementarias con la participación de Miguel Ángel Higuera, director de Anprogapor, Andrés Montefeltro, CEO de Quibifood, y el ya mencionado Santiago Aliaga, es que quizás estemos ante un cambio de paradigma. Un mundo futuro con dos escenarios bien diferentes: los países emergentes, donde seguirá creciendo imparable el consumo de carne de origen animal, y los países desarrollados, en los que regirá una flexibilidad en el consumo de proteína, con la irrupción del “flexitarianismo”: corriente de consumo que , sin renunciar a la proteína de la carne animal, la combina con otras alternativas. Dos mundos, el de la proteína animal y la alternativa, con dos velocidades de crecimiento y dos marcos regulatorios muy diferentes, que deben focalizarse en sus respectivos mercados.

Lo cierto es que la falta de sostenibilidad de las producciones ganaderas es un a argumento muchas veces esgrimido por sus detractores y utilizado, entre otros, por algunas empresas que comercializan alternativas a la proteína animal. Sin embargo, el sector ya está trabajando y con buenos resultados en mejorar los aspectos relacionados con su impacto medioambiental. Retos y desafíos que ha de afrontar la cadena ganadero-cárnica a nivel global para seguir adaptándose a los nuevos sistemas alimentarios y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), a través de una alimentación sostenible y resiliente.

Según Interporc, la Organización Interprofesional Agroalimentaria del Porcino de Capa Blanca, en los últimos 15 años el sector ha reducido en más de un 40% sus emisiones GEI y un 30% su huella hídrica desde 1990,  y continuamos avanzando con el objetivo de alcanzar un impacto climático neutro antes de 2050 en consonancia con lo establecido en el Pacto Verde Europeo.

La circularidad de las explotaciones, la disminución de la huella de carbono y de la huella hídrica, la emisión de GEI, y el uso de energías renovables, entre otros, seguirán siendo alguno de nuestros principales retos en los próximos años. Tan importante será conseguir superarlos como saber comunicar nuestros logros al consumidor final.  

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